



No todas son las clásicas cajitas cuadradas. Algunas son realmente distintas. Claro que no son comerciales. Solo de publicidad. Hoteles y restaurantes buscan combinar estética y elegancia a la hora que sus clientes se lleven un recuerdo a su paso por el lugar. Algunas personas que sin ser coleccionistas guardan esas miniaturas como reliquia de algún viaje. Claro que las cajitas comparten así sitio con encendedres, bolígrafos, agendas y otros souvenires... Si de utilidad se trata yo me quedo con estas rectangulares.

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Esta miniatura la rescaté de la web, sin embargo guardo un ejemplar en Argentina, junto a mi colección. Las cajitas Fragata son un clásico entre las cajas de cerillos que no se agota nunca, desde tiempos remotos se fabrican. En este post se observa un ejempla antiguo. Fragata ha ido fabricando distintos modelos a lo largo de la historia de la compañía. Y si Malboro es tradición en Cigarrillos, una cajita de Fragata acompaña siempre el bolsillo de un fumador o fumadora. Las hay en tamaño familiar, aquellas que no deben ni pueden faltar en ninguna cocina.
La nota publicada en el diario El Siglo el 15 de Marzo 2005:
15 de Marzo de 2005. El diario El Siglo de Tucumán da cuenta de la exhibición de mi colección de 800 Cajitas en el Centro Cultural de la Universidad Nacional de Tucumán. La idea surgió de una conversación con una artesana que al conocer la existencia de mi colección me sugirió una muestra. El sitio ideal eran las vitrinas (escaparates) del Centro Cultural. Es así como en marzo de 2005 decidí darles estado público, darlas a conocer, que salieran de su escondite en las cajas donde las tenía guardada. La muestra tuvo una gran recepción. 800 para mi eran un número importante y la variedad y calidad de las cajitas se merecían ser vistas según mi criterio. Algunas llevaban más de 20 años escondidas y querían salir a la luz. La exihbición me permitió no solo darlas a conocer, sino también conseguir duplicar mi colección. Pero esta es otra historia de la que hablaré en el próximo post.
"No solo las compro, soy también capaz de robarlas"
Llamativo el título de la nota en la que publicitaban la exhibición. Una entrevista en el diario El Siglo que concluía con algunas anécdotas (en otro post reproduciré la nota completa), entre ellas una frase con la que cerré mi relato a modo de humorada. No solo las compro, dije con una sonrisa cómplice, sino que también soy capaz de robarlas. La frase le gustó a la periodista y fue el título de una simpática nota en la que la generosidad del espacio dedicado para tal fin valió que el número de visitantes a la muestra creciera ya por curiosidad, ya por interés. Gracias a esta nota y gracias a la exhibición conseguí en un sólo día duplicar mi colección. Por ahora solo puedo mostrar estas poquitas imágenes de las cajitas que descansan en Tucumán, seguramente a mi regreso podré mostrarles la mayor parte de la colección, algunas verdaderas reliquias.





En alguna época no muy lejana cualquier empresa que se preciaba de tal entregaba a sus clientes a manera de souvenires cajitas de fósforos. Las había de todas formas, tamaños y colores. Sin lugar a dudas era un obsequio interesante. Quién no ha necesitado alguna vez encender un fuego y luego de buscar por toda la casa se acuerda haber recibido una cajita de regalo. Estaba allí la solución. Del cliente necesitado de fuego. De la empresa que inmediatamente volvía al recuerdo del usuario.
Bueno, es un dicho popular y por popular porque contradecirlo. Pero en rigor de verdad, ¿Nunca se detuvieron a pensar porque el tamaño de los fósforos es tan peuqeño? El árbol que han matado tenía el mismo tamaño y daba igual hacer 222 cortos que 50 largos. Pongamos la situación. Queremos encender el horno... con un fósforo pequeño es imposible. Creo que por eso los europeos han preferido el horno eléctrico al horno a gas, como tenemos en Argentina. Claro, es más fácil diseñar hornos eléctricos que aumentar el tamaño del fósforo. Pues los chinos han demostrado que no. Que un fósforo XXL es posible. Usted se preguntará para qué sirve. Pues bien: para encender el hogar en invierno, el carbón del asado el domingo, o bien para presumir ante una dama inquieta que nos pide fuego para su pucho. Pensándolo bien, el tamaño si importa. Y que no me vengan con cuentos chinos, que ellos, los chinos, lo han diseñado grande.



